
“El verdadero amor es certeza pura.
No tiene cabida la menor crítica. Si ésta surge, es mutua.
Es imposible que nosotros seamos un príncipe y ella una rana.
La pareja es una asociación de dos cómplices.
La mejor manera de saber si ella nos ama es preguntarnos a nosotros mismos si la amamos.
La persona que dice que no consigue formar pareja, realmente dice “que no ama a nadie”.
En cuanto estén disponibles para el otro, dispuestas a amarlo, con toda seguridad el otro aparece.”
*
“El amor no es una palabra ni una utopía,
es una certeza que nos atraviesa el alma transformándonos para siempre.”
*
¿Cuándo conocen los amantes “el amor mágico”? (Máximo grado de amor)
-Cuando, con absoluta certeza, desarrollan entre ellos una completa confianza.
-Cesan de pedir y en cambio invierten.
-Aceptan la felicidad del otro tal como es sin tratar de cambiarlo para usarlo como espejo o como público
-Cuando cada momento juntos es fuente de una tranquila felicidad.
-Cuando realizan una obra donde la competición no tiene cabida.
-Cuando se ponen de acuerdo naturalmente sin necesidad de discusiones.
-Cuando ambos viajan hacia una misma meta.
-Cuando consideran un deber primordial ayudar a los necesitados.
-Cuando desarrollan una responsabilidad impecable.
-Cuando el contacto entre sus cuerpos y de sus almas es un placer paradisíaco.
-Cuando realizan el amor impersonal y transidos de compasión infinita trabajan para que todos los seres existentes lleguen a la Conciencia.
*
Post original de la página Plano Creativo con toda la sabiduría de Alejandro Jodorowsky.

“Bueno, la guerra es obsoleta, sabes. Por supuesto que la mente puede racionalizar eso de combatir… pero el corazón, el corazón nunca lo entendería. Entonces estarías dividido en ti mismo, el corazón y la mente, y la guerra estaría dentro de ti.” - H.H XIV Dalai Lama.
Esta simple y maravillosa cita me ha dado una epifanía tan simple y tan grande: Cuando nuestra mente no está alineada con el corazón, cuando nuestra mente resiste e intenta cambiar lo que siente el corazón, básicamente y siempre por miedo, la intención se anula, el mensaje es confuso, no fluimos… el poder se disuelve.
Y como la guerra jamás da consecuencias positivas, sino sólo destrucción, dentro de uno esa lógica se replica: Nada bueno puede resultar. Lo que realmente deseamos no llegará o, si lo logramos, será a costa de un nivel de sufrimiento que seguramente no permitirá que disfrutemos lo que deseábamos alcanzar.
Como dice mi amado Morrissey: “The brain speculates, but the heart knows”: El cerebro especula, pero el corazón sabe. Muchas veces puede no gustarnos racionalmente lo que sentimos, pero si lo combatimos, nos hacemos la guerra a nosotros mismos, nos quedamos pegados, estancados. No avanzamos.
Seguir al corazón necesariamente nos llevará a alguna parte. A lo que queremos o a su negación, pero sea lo que sea habremos llegado a una conclusión que nos permitirá avanzar: O a una siguiente etapa de nuestro objetivo o al descarte de aquello que deseábamos -porque no era útil o bueno para nuestra vida- permitiéndonos así cambiar de rumbo, aprender de la experiencia y poder comenzar algo nuevo.
Cómo agradezco que algo tan simple de un hombre tan sabio al que admiro tanto, me haya afirmado en lo que siento, aunque no tengo idea dónde me lleve ni cómo termine, más allá de mis deseos. En realidad, estas son cosas que uno sabe, pero olvida. Cuán importante es que estén los maestros para ayudarnos a recordar!
Para mí el camino hace rato está claro, pero siempre es bueno tener señales que lo confirmen. Para mí no hay otra manera de vivir que siguiendo siempre el Camino del Corazón.
Si bien no tengo décadas de momentos junto a él, las vivencias espaciadas que pude recolectar durante los últimos 20 años de mi vida y que involucran a Sapito Livingstone son absolutamente significativas e inolvidables para mí. Especialmente la primera de todas y las últimas, ya cumpliendo el sueño de trabajar junto a él en TVN. En este momento de su partida física, simplemente siento la necesidad de sacarlas afuera, quiero expresar lo afortunada que fui cada vez que coincidimos en el mismo tiempo y espacio.
Conocí a Sapito Livingstone a los 15 años cuando fui a Radio Nacional, en San Antonio 220, a pedir trabajo en MasDeporte, el programa que yo escuchaba religiosamente todos los días, en sus tres ediciones, no importa donde estuviera: El colegio, el metro, mi casa. Soñaba con trabajar en ese panel en el que yo también “participaba” a la distancia cada vez que escuchaba a Tito Fouillioux, Milton Millas, Héctor Vega Onesime, Gerardo Ayala y tantos otros que trabajaron ahí. Me sentía preparada y decidida. Llegué a la radio al terminar el programa y pedí hablar con él. Salió a atenderme casi inmediatamente a la modesta recepción de la radio. Le conté a lo que iba y lo que pretendía. Lejos de extrañarse o de reirse, me preguntó la edad y le conté que ya había incursionado en prensa y TV hablando de fútbol. Me dijo que le parecía muy bien, pero que no dependía de él darme una oportunidad. “Yo no corto el queque aquí. Vuelve mañana. Yo hablo con Milton y te apoyo desde atrás”. Volví sin falta al día siguiente, esta vez antes del programa y ahí sí, Milton salió a recibirme y me llamó inmediatamente por mi nombre. Sabía perfectamente quién era y a qué iba. Sapito había cumplido exactamente su palabra. Le había contado a Milton de mí y ese día me quedé a ver el programa, en la primera de una serie de visitas que se repetirían sucesivamente a lo largo de los años, tanto en San Antonio 220, como en la sede nueva de Lastarria, cuando Nacional se cambió de casa y luego en Agricultura y los hoteles Parinacota y Radisson, cuando el programa se mudó de dial.
Además de la ternura y generosidad que Sapito tuvo conmigo esa primera vez, luego, siendo yo más grande y ya estudiando Periodismo, él siempre estuvo dispuesto a responder mis preguntas o darme entrevistas cuando iba a verlo, para hacer mis trabajos universitarios, que siempre eran sobre fútbol.
En el anuario que hicimos al salir de Cuarto Medio, mis compañeras terminaron su dedicatoria diciendo: “Te veremos en el Zoom Deportivo”. Casi. Con otro nombre, tuve el honor de ser considerada y elegida para formar parte de ese equipo y cumplir mi sueño de trabajar junto a mi adorado Sapito Livingstone. Maestro total, fuente de sabiduría. Hablara de lo que hablara, más aún si era de fútbol, jamás había desperdicio en sus palabras. Incluso, cuando muchos querían jubilarlo, quizás hablaba menos, pero cuando lo hacía siempre era sabio, preciso, informado, moderado, marcando siempre la diferencia gracias a su enorme experiencia como futbolista, integrada a la de comentarista. El mejor de todos. Sin darse jamás la más mínima auto-importancia. Él simplemente disfrutaba haciendo su trabajo, que afortunadamente también era lo que amaba. En eso yo también me reflejo.
Durante los tres meses -y para siempre- en que trabajé con él, semana a semana, intenté aprovecharlo al máximo: Me sentaba a su lado en las reuniones de pauta y siempre que pude, y no era inoportuno, le pregunté sobre su época de jugador en su calidad de historia viviente del fútbol chileno. Inolvidable fue cuando hablamos de quién era el mejor de la historia para él y nos dijo “Di Stefano. Era el más completo de todos.” Y le pregunté, como niña ansiosa, si le había tocado enfrentarlo y nos dijo: “Sí. Un par de veces.” Ya no me quedaban ojos para seguir abriendo, ni corazón para tanta emoción. “¿Y le hizo algún gol?” “Sí, uno. En un Sudamericano. Empatamos 1-1 y fíjate que el empate lo anotó Fernando Riera, nada menos. Lo que era muy raro porque Fernando no hacía muchos goles”. Me imaginé la escena. Alfredo Di Stefano frente a Sergio Livingstone. Morí. Me sentía en el cielo. Quería secuestrar a Sapito y sentarme con él a conversar por horas. Nunca me atreví a pedírselo. No quería molestarlo.
Siempre preocupado, siempre generoso, cariñoso y expresivo, a Gustavo Huerta le decía “Gustavito”, preguntaba por él cuando no lo veía y le tomaba la mano cuando aparecía. Con su nieto Cristián era el abuelo más adorable. Se despedía, le decía “mi amor” y le daba un beso en la mano. En realidad, ahora que lo pienso, no es coincidencia que Sapito fuera arquero. Con sus manos contenía y traspasaba afecto, preocupación por los demás. Recuerdo un día en que Michael Müller llegó con bombones Garoto para la pauta y todos sacamos uno. Él pidió dos: “Otro para la Cecilia porque está muy flaca!”. Así como me piropeaba los domingos en la noche antes de salir al aire, también se preocupaba y me decía que tenía que comer más.
El día en que llegué a la reunión de pauta para anunciar que renunciaba, su primera reacción fue levantar la mano y decir “Puedo protestar?” Y remedó graciosa y adorablemente el llanto de un niño: “No quiero que se vaya, me va a dejar solo…” Fue hermoso, pero se me apretó el pecho y al intentar repetir compungidamente por qué me iba, me tomó la mano, me interrumpió amorosamente y me dijo con toda su sabiduría: “No te preocupes. No des explicaciones. No tienes por qué darlas. Tú simplemente haz lo que es mejor para ti. No tienes que explicarnos nada.” Y mantuvo mi mano tomada por un rato. Cómo no amarlo. Admito, como varios, que veía mucho de mi Tata Raúl en él. Y el cielo sabe cuánta falta me hace mi abuelo.

En este momento más que nunca veo la suerte inmensa que tuve de haber estado con él celebrando su último cumpleaños, en vivo al aire, haciéndole saber que la gente le mandaba todo el amor del mundo. Le conté fuera de cámara que era TT en Twitter, le expliqué lo que era y todo lo que dijo fue: “Chuuuuuuuuuuu…”. A él no le gustaba ser el centro de atención, ni la estrella, aunque no pudiera evitar serlo. Recuerdo que al soplar las velitas de la torta dijo: “Basta! No quiero cumplir más años!” Y todo lo que pensé en ese momento fue: “Sapito no diga eso, que es un decreto muy fuerte, porque la única manera de no cumplir más años es morirse y ud. no tiene permiso.”. No llego a recordar si se lo dije.
Consciente de que su edad podía hacer que cada momento fuera el último, siempre que me despedí de él le dije que lo quería mucho. Desde esa noche larguísima en que grabamos el comercial del programa en el Bicentenario de La Florida. Hasta las tres de la mañana. Y él, sin quejarse ni chistar un minuto. Al contrario, siempre de buen humor, compartiendo un cafecito y un sanguchito, echando la talla, lleno de dulzura y sencillez.
Qué fortuna la mía haber cumplido mi sueño. Muchas veces se dice que es mejor no conocer a los ídolos, pero en este caso me faltó tiempo. Todo lo adorable y entrañable que Sapito podía ser viéndolo o escuchándolo desde afuera, al compartir con él desde adentro, se multiplicaba. Un SEÑOR como ya no vienen al mundo: Honorable, comprometido, lleno de valores, espontáneo, honesto, sabio, transparente, generoso… LUMINOSO. De corazón tan grande. Un hombre que jamás se aprovechó de su nombre o su posición para obtener ventajas o privilegios, aún pudiendo hacerlo.
GRACIAS SAPITO LIVINGSTONE, gracias infinitas por inspirarme, por ser ejemplo, por apoyarme y ayudarme siempre, por darle tanto al deporte de nuestro país y a nuestra profesión. Y pensándolo bien, “Gracias” no basta. La mejor manera de agradecerle y ser consecuente con su legado es tomar lo mejor de lo que él fue y replicarlo. Sapito adorado, su luz nunca se apagará. Espero, al final de mis días, llegar a ser aunque sea un poquito de morrocotuda como ud.

¿Quieres vivir para trabajar en lo que no te gusta? ¿Eso es la vida? ¿Soñar en ser algo sin tomar por lo menos una vez el riesgo de intentarlo? Hazlo… Ahora que estás vivo — Adán Jodorowsky.

Algunas integradas, otras no, pero más fáciles y otras mucho más difíciles. Habrá que seguir practicando. Esas reacciones tan brutales desde las heridas de las personas es lo que hace difícil esta vida en forma humana.
In the face of complaints, look that person in the eye and imagine what it might have been like to be raised to see only what is wrong. // De cara a las quejas, mira a esa persona a los ojos e imagina lo que debe haber sido ser críada para ver sólo lo que está equivocado.
In the face of selfishness, wonder what it might be like to walk the world with a feeling of lack, of depletion. // De cara al egoismo, pregúntate lo que debe ser caminar el mundo con un sentimiento de falta y agotamiento.
In the face of insults, consider where this person first learned that it’s okay to abuse others. // De cara a los insultos, considera dónde esta persona aprendió que está bien abusar de otros.
In the face of disconnection, think about what causes it, and ask if your response will widen the river between the two of you. // De cara a la desconexión, piensa en qué la causa y pregúntate si tu respuesta hará más ancho el río entre ustedes dos.
In the face of laziness, recognize the fear of living big dreams. // De cara a la flojera, reconoce el miedo a vivir grandes sueños.
In the face of extremism or fundamentalism, see the clinging, as well as the terror-filled silence that would arise for that person if they risked letting go. // De cara al extremismo o fundamentalismo, ve el silencio que se aferra lleno de terror que se levantaría para esa persona si arriesgara a soltar todo.
In the face of controlling behavior, understand the chaos that must have bred it. // De cara al comportamiento controlador, entiende el caos que debe haberlo criado.
In the face of “always needing to be right,” see how often this person was once made wrong. // De cara a “necesitar siempre tener la razón”, ve cuán a menudo esta persona fue dicha que estaba equivocada.
In the face of arrogance or bravado, hold gently that still, small piece that says “I’m not enough.” // De cara a la arrogancia o la bravata, sostén amablemente ese pequeño e inmóvil pedazo que dice “No soy suficiente”.
In the face of drama or attention-seeking, see the person who wishes so much to be seen. // De cara al drama o la búsqueda de atención, ve a la persona que desea tanto ver vista.
In the face of accusation, imagine what it might be like to live life with suspicion. // De cara a la acusación, imagina lo que debe ser vivir una vida sospechando.
In the face of judgement or comparisons, step into the opportunity the world has just provided you for practicing love and acceptance. // De cara a los juicios o comparaciones, provecha la oportunidad que te acaba de dar el mundo para practicar amor y aceptación.
In the face of passive-aggressiveness, recognize the child that wasn’t taught a safe way to express their truth. // De cara a la agresividad pasiva, reconoce al niño que no le fue enseñada una manera segura de expresar su verdad.
In the face of anger, see the pain of isolation from others. // De cara a la rabia, ve el dolor del aislamiento de los otros.
Most importantly: In the face of ferocious hatred, believe in the possibility that there exists the potential for equally as big, intense, lovely and fiery ferocious love. // Y lo más importante: De cara al odio feroz, cree en la posibilidad que existe el potencial para un igualmente intenso, grande, adorable, fiero y feroz amor.
~ Kate Swoboda
Kate Swoboda is a Life Coach, speaker and writer who helps clients to lead unconventional and revolutionary lives through practicing courage. Learn more at www.yourcourageouslife.com
20 Cosas Para Comenzar a Hacer En Tus Relaciones
- Libérate de gente negativa.
- Suelta a aquellos que ya se fueron.
- Dale una oportunidad justa a aquellos que no conoces.
- Muéstrales a todos amabilidad y respeto.
- Acepta a las personas tal como son.
- Incentiva a otros y alégrate por ellos.
- Sé tú mismo, imperfectamente perfecto.
- Perdona a la gente y sigue adelante.
- Haz pequeñas cosas todos los días por otros.
- Sé leal siempre.
- Mejora el contacto con la gente que realmente te importa.
- Cumple tus promesas y di la verdad.
- Da lo que quieres recibir.
- Di lo que realmente crees y cree lo que dices.
- Permítele a los demás tomar sus propias decisiones.
- Habla un poco menos y escucha más.
- Deja las discusiones insignificantes y mezquinas a un lado.
- Pon atención a tu relación contigo mism@.
- Presta atención a quienes son realmente tus amigos.
- Ignora los comentarios hirientes y destructivos.
[video]
Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios. — Eduardo Galeano. Sabio, genial, brutal, real como siempre.

Este post va con dedicatoria.
La semana pasada, en esta misma página, daba cuenta de cómo los prejuicios, las falsas creencias y el miedo han dado muerte al amor. ¿Pero estará todo perdido? Yo pienso que no. Que aún estamos a tiempo de revivirlo, pero para ello necesitamos huir de los lugares comunes. Sobre todo, necesitamos abandonar ese sinfín de creencias con las cuales hemos crecido y que nos proporcionan la red de seguridad que creemos imprescindible para vivir. No es una tarea fácil.
Por eso, la base para recuperar la capacidad de amar es la valentía. Valentía para arriesgarse a lo incierto, valentía para romper los códigos establecidos y seguir nuestros propios designios. Porque lo cierto es que en nuestra sociedad existe una guerra frontal contra cualquier forma de relación o de vida que conlleve riesgo, sacrificio, dolor y heroísmo.
El amor nos es presentado como una actividad adulta organizada, bien definida en todos sus aspectos y cuyo fin último es el matrimonio. Estoy segura de que todos tenemos un conocido o conocida que se ha embarcado en algo más ambiguo, más peligroso, cuyo resultado es difícil de predecir. Y estoy segura también de que más de una vez han escuchado hablar de él o de ella como un caso perdido. Sobre todo si se trata de una mujer. Porque aún en nuestra cultura ‘moderna’ al hombre le es permitido perseguir miembros del sexo opuesto sin ser juzgado, aun cuando estos resulten conflictivos y difíciles. Su caza es vista como algo positivo que denota su instinto depredador, su espíritu competitivo, su coraje, la prueba última de su testosterona. Pero cuando una mujer se embarca en una relación de resultado incierto, se la considera una mujer de baja autoestima, o derechamente ‘loca’. Hay que ser valiente para no solo tomar los riesgos en el amor, sino también para hacer oídos sordos a todos aquellos que además de juzgar, secretamente, les desean a los enamorados lo peor. Cada fracaso del amor heroico es una corroboración más de la forma de vida de los cobardes.
Pero la valentía no es el único ingrediente. Hay un elemento muy importante, que a primera vista puede resultar incomprensible: El amor, para florecer y perdurar, necesita distancia. No hay nada más distorsionador a los ojos, a la mente y al cuerpo, que el exceso de proximidad. La total y absoluta cercanía nos vuelve ciegos e insensibles.
La distancia, además de ayudarnos a ver más claramente, nos permite un constante redescubrimiento. Esto es válido para el amor, pero también para otros aspectos de nuestra vida, como los lugares, por ejemplo. Si nos quedamos siempre estacionados en un lugar o junto a una persona, esto deja de sorprendernos. Y no estamos hablando de abandono, simplemente de entender que para resguardar nuestra capacidad de asombro y fascinación debemos de tanto en tanto tomar distancia.
Cristina Nehring, la periodista estadounidense que mencioné la semana pasada, en su libro A Vindication of Love, va aun más lejos. Según ella, a veces es necesario irse para poder retornar con dignidad y pasión. Nos trae como ejemplo la historia bíblica de El Hijo Pródigo. El hijo que va y luego regresa, no solo tiene más lucidez para apreciar lo que posee que aquel hermano que nunca se movió de su lugar, sino que además, con su retorno, llena a su familia de felicidad.
Otro elemento fundamental es ser capaz de perder el control. Es arriesgado admitirlo, pero todos sabemos (si la hemos sentido) que la pasión y la moderación no van juntas. Nada más acertado que esa canción de las Pointer Sisters que dice: “I am so excited. I am about to lose control and I think I like it”. El corazón que ama razonablemente no ama de verdad. Regular el amor es traicionarlo.
En suma, necesitamos recuperar nuestro espíritu heroico, redescubrir nuestra facultad de imponer distancia y guardar un espacio de misterio. Necesitamos, quizás ante todo, recuperar el derecho a perder el control en pos del amor.
Revista Mujer - La Tercera - Domingo 18 de Diciembre 2012.
VERDAD, DIRECTA Y PRECISA.
“Hemos destruido el amor romántico. Vivimos en una era en la que todos los aspectos del romance, desde su primer fulgor hasta el emparejamiento, han sido explicados, estipulados, medidos y controlados, hasta vaciarlos. Desprovisto de su esencia, el amor romántico se ha vuelto uno más de los múltiples pasatiempos y deportes del siglo XXI.
¿Pero por qué? ¿Por qué, si en lo más profundo de nuestro ser -aunque nos dé vergüenza o pavor admitirlo- añoramos enamorarnos con pasión? ¿Por qué hemos matado el amor de manera consciente y sistemática?
Cristina Nehring, una aclamada periodista estadounidense, en su libro A Vindication of Love, nos da ciertas luces.
Para empezar, ante las intelectualidades del mundo, el amor romántico es un afán cursi y ‘femenino’. Poemas, novelas, películas o cualquier forma de arte que tenga visos de romanticismo es considerada como un arte menor.
Aun cuando el movimiento feminista ha sido fundamental en el lugar que hoy ocupamos las mujeres en el mundo, si en algo se equivocó, fue en su apreciación del amor. Nos inculcaron que amar desenfrenadamente es perder autonomía, y que responde a un modelo de mujer convencional y obsoleta. Si queremos ser independientes, las mujeres modernas debemos controlar nuestros sentimientos.
Pero no son tan solo la intelectualidad y los movimientos feministas los responsables de esta paulatina muerte, también lo son una seguidilla de interpretaciones falsas transmitidas de generación en generación.
Por ejemplo, la creencia de que el impulso natural y lo correcto en el amor es fundirse en el otro, entregarse por entero, abandonarse a sí mismo. Rainer Maria Rilke planteó la contradicción intrínseca que yace bajo esta creencia de una forma muy clara: cuando alguien se abandona a sí mismo para fundirse en otro, se transforma en nada, y todo aquello que el otro amaba, lo que le resultaba atractivo y deseable, desaparece. En la seducción la idea del ‘otro’ es imprescindible.
Otra noción errónea es aquella que dictamina que en el amor verdadero el conocimiento mutuo debe ser total y absoluto. Por eso los romances siempre comienzan con largas veladas de ‘confesiones’, de historias que intentan mostrarle al otro lo que somos, instruirlo en nuestros secretos. Por eso, también, se considera que aquellas parejas que han estado juntas desde adolescentes, que conocen hasta los más recónditos suspiros del otro, tienen más posibilidades de éxito que aquellas que se encuentran en etapas más maduras. Lo que buscamos, al fin, es domesticar al otro, domesticar el amor que nos une, controlarlo. Pero el punto es que si pensamos que conocemos todo de nuestro amado(a) cesamos nuestros intentos por conocerlo. En lugar de concebirlo como un misterio a ser revelado, lo vemos como un ser rutinario y predecible, y deja de interesarnos. De la falta de interés a la indiferencia hay un trecho muy pequeño.
Pero tal vez lo que más daño le ha hecho al amor romántico es el miedo. Como bien lo pone Nehring, cuando nos enamoramos, lo que hacemos es entregarle a nuestro bien amado(a) un arma cargada. Es un acto de coraje, y las precauciones que tomemos no serán jamás suficientes. Amar es tomar riesgos. Y no siempre sabemos la dimensión de estos riesgos. Creemos que entramos en un espacio controlado, pero lo cierto es que nos arrojamos en caída libre. Y la paradoja es que en la medida en que más amamos, que somos más valientes, nos volvemos más vulnerables. Nadie quiere, de forma consciente, poner el corazón a merced de otro con el riesgo de sufrir. El mandato que impera nuestro siglo XXI es aspirar a la fortaleza y la estabilidad. Ser fuerte es motivo de admiración y grandeza. Y la forma más simple de mantenerse invulnerable, incólume al dolor, firme y sólido en el lugar que se ocupa, es no arriesgándose. Y aquí surge otra paradoja: esa aparente fortaleza es en verdad el resultado de una profunda cobardía. Una cobardía cuyo costo es desechar de nuestra vida la posibilidad de amar verdaderamente.”
Revista Mujer - La Tercera - Domingo 11 de Diciembre 2012.